Brenda Ueland decía tener dos reglas que seguía absolutamente para todo en su vida:
decir la verdad
y
no hacer nada que no quisiera hacer.
No conocía hasta el pasado fin de semana a esta feminista aférrima de Minneapolis que, a parte de defender los derechos de la mujer, fué una gran “vividora”, deportista hasta su último día, amante de los animales y preocupada por la educación de los más pequeños.
Fué la tercera de siete hermanos criados en una familia relativamente progresista, su padre era un destacado abogado y juez. Su madre era una sufragista y sirvió como primer presidente de la Liga de Mujeres Votantes de Minnesota. Se casó y divorció tres veces, además de tener muchos amantes. Y fruto de su primer matrimonio con William Benedicto XVI en 1921 tuvo a su primera y única hija, Gabrielle.
En sus 93 años de vida, publicó seis millones de palabras. Sus escritos y sus enseñanzas parecen convincentes, dicen que por su espíritu fresco, independiente y alegre. No he leído todavía ninguno de sus libros, y escribió dos, además de varios artículos y cuentos cortos.
También se dedicó, durante mucho tiempo, a enseñar a escribir. De hecho la mejor aportación que ha hecho a la literatura trata de un libro sobre la escritura y el proceso creativo publicado por primera vez en 1938: “Si quieres escribir…“. Según dicen, y lo comprobaré a lo largo de este fin de semana, este libro va más allá de ser un mero formador para futuros literatos, habla de tener valores, de creer en uno mismo, en la imaginación y en la relación de esta con la integridad personal, y habla sobre la valentía de llegar a entenderte y en base a ello, dejar improntas sobre el papel.
Ella misma dijo de su libro: “Siempre que hablo de “escribir” en este libro, me refiero también a cualquier cosa que ames y quieras hacer o crear… Debes estar seguro de que tu imaginación y el amor están detrás de ello…“.
Al igual que Brenda, todos tenemos reglas aplicadas a nuestro día a día.
Una de las mías es la de aprender, aprender siempre algo nuevo.
Por ello, este pasado fin de semana, haciendo mi particular degustación de prueba en un restaurante madrileño de reciente apertura, Tartán, (el cuál recomiendo a los amantes de la buena cocina y la ambientación/decoración casera casi rural), descubrí a Brenda.
Es curioso además que la frase emblemática de este pequeño local de comidas con buen gusto sea “Es más importante compartir las buenas cosas de la vida, que las propias cosas en sí mismas“.
¿Coincidencias?.
Descubrí a Brenda, o mejor dicho, descubrí a través de una pizarra colgada frente a nuestra mesa, una frase de Brenda Ueland que me dejó marcada. Desde entonces no dejo de buscar información al respecto de ella, su vida y sus escritos.
“The most important things to do in the world
are to get something to eat, something to drink and somebody to love you”
Ya he comprado su libro para poder ojearlo con calma este fin de semana y conocer algo mejor a una mujer que de buenas a primeras me fascina por ser una “mujer de los pies a la cabeza” que luchó por salir adelante en tiempos complicados, reivindicando los derechos de la mujer y atreviéndose incluso a tener de estandarte una forma de pensar y de vivir muy radical para esa época.
Cada día aprendes algo nuevo. Sin buscarlo, llega a ti en modo de frase, nota musical, visión, en modo “momento dulce“. Llega a ti sin que lo llames y se te presenta sin molestar, sin hacer alarde de protagonismo. En cada uno de nosotros está el darle importancia a esas pequeñas notas.
No siempre es así, pero en este caso, Brenda y el Tartán me dejaron algo. Por lo menos, de momento, una espectacular comida, una semana de búsqueda de información y un fin de semana que promete ser de lectura agradable y divertida a la sombra de una mujer, que como diría L’Oreal, lo vale.



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