Diario de viaje

Marrakech se me ha quedado dentro

9 Comentarios 09 junio 2010

Este post inaugura una nueva sección de mi blog, el cuál poco a poco va cogiendo forma y ganando en contenido. ¡Estoy orgullosa!. Y es que no podía encontrar una mejor ocasión para hacerlo que hoy, el día después de mi vuelta de la ciudad roja. Una ciudad que me ha calado hondo.

Marrakech es una ciudad única. Es 100% olores, colores y vida. Es sentimiento. Es un continuo tumulto de gente en sus calles, en la laberíntica medina, el centro de la ciudad. Es hospitabilidad. Es baile y música. Es ruido. Es luz y oscuridad. Marrakech es una puerta a un nuevo mundo y una puerta a tu interior. Quién visita Marrakech quiere volver siempre.

He tenido la suerte de poder vivir Marrakech desde dentro, alojandome en un riad en la propia medina. Hay miles de riads en esta ciudad, la competencia es dura y la experiencia de los dueños reciente, con lo que siempre intentarán hacerte sentir como en casa. Yo lo tengo decidido, y es que en Jnane Agdal no es que me hicieran sentir como en casa, es que es mi nueva casa marrakchie.

Jnane Agdal es un riad de reciente apertura, regentado por Cristina, una valenciana muy cariñosa, su hija y su yerno, y dónde no te faltará de nada en tu estancia; agradable conversación, muy buena comida, cervecita fría que se echa de menos en un país donde el alcohol brilla por su asencia, piscina en el patio donde poder refrescarte, y cinco habitaciones decoradas al estilo árabe,  amplias, limpias y con unos servicios impecables con gran bañera para disfrutar de un agradable baño de espuma a la llegada por la tarde al riad.

Lo ideal es descubrir Marrakech andando, dejarte perder por sus sinuosas y largas callejuelas. Es la única forma de descubrir el verdadero aliento de una ciudad que cautiva; su gente, sus niños jugando a ser Messi o Cristiano Ronaldo en las calles, sus burros y caballos, su olor a especias, el alocado tráfico y sus millones de motos que no dejan de tocar el claxon esquina tras esquina. Sus tiendecitas de artesanos, los puestos del zoco… todo en Marrakech es un descubrimiento. Y como se suele decir, el camino se hace al andar. No dejes que el calor y el cansancio puedan contigo; camina, camina, camina.

Si bien, un paseo en camello por El Palmeral o una visita a los Jardines Majorelle en calesa es algo que obligatoriamente tienes que hacer. Es toda una experiencia y una forma distinta de descubrir las zonas más alejadas de la medina. O una visita al Atlas, la puerta del desierto, las montañas y el valle de ourika, las casas bereberes, las cooperativas de mujeres que manualmente trabajan para la producción del aceite de argán… si vas a estar más de dos días en la ciudad, intenta hacer alguna de estas mini excursiones.

El Zoco y la Plaza de Jamaa el Fna son una fuente de inspiración para los sentidos. En continuo movimiento desde primera hora de la mañana, artesanos, vendedores, músicos y artistas te descubren el Marrakech más auténtico. Con el paso de las horas y la caída del sol, el tumulto de gente se hace mayor, y el centro de la ciudad se convierte en una feria: puestos de comida al aire libre, carritos de zumo de naranja riquísimo, encantadores de serpientes, bailarines, turistas, flashes, humo, ruido, risas,… aquí vivirás el auténtico corazón marroquí y descubrirás a su gente.

Gente hospitalaria, cariñosa, que te da aunque no tenga, que te invitan hasta el interior de sus casas y de su corazón y te ofrecen un té, el whisky berebere, con una auténtica conversación desde dentro.Todo en Marrakech es sentido.

La comida, especiada y muy sabrosa: el couscous, el tagine o la tangia, las exquisitas brochetas o la ensalada marroquí con pepino, tomate, cebolla y pimiento. No dejes de probar los restaurantes de la plaza, el Marrakchie y su cristalera que te permite descubrir la vida nocturna de la plaza con un buen vino marroquí. El Chez Chegouri, comida típica a buen precio en plena plaza Jamaa el Fna, o el café Arabe, más europeizado, y donde podrás comer una buena ensalada si te cansas del cordero, las brochetas o el cous cous.

Para ver los contrastes que ofrece esta ciudad, deberías además dar una vuelta por las barrios de fuera de la medina, Guéliz, Hivernage… donde viven los extrangeros residentes en Marrakech y la clase alta de la ciudad. Y donde se sitúan los complejos hoteleros más lujosos. Merece la pena pagar una cena espactáculo en Jad Mahal, donde disfrutarás de un ambiente selecto, una decoración majestuosa, y una carta de comidas de los más variada; desde comida marroquí a oriental u occidental. En estos restaurantes podrás además pedir vino español, italiano o francés y tomarte una copita mientras una orquesta ameniza tu noche y mientras disfrutas del espectáculo de la danza del vientre.

Marrakech es contrastes y extremos. Marrakech se me ha quedado dentro. Y no veo el momento de regresar y volver a vivirla y sentirla.

Un viaje altamente recomendable.

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Sus comentarios

9 Comentarios

  1. Lorena dice:

    Muy bueno Esther, con unas pocas estrofas, consigues que cualquier persona elija definitivamente el destino de sus vacaciones. Yo llevo tiempo queriendo ir pero tu has hecho que no me lo piense más.
    Gracias!

  2. Chema dice:

    Muy buena crónica. Muy descriptiva, casi pictórica. Enhorabuena

  3. Mónica dice:

    Después de leerlo es imposible que no sientas la imperiosa necesidad de coger la maletas y perderte un poco por todos los sitios que describes. Me alegro de que lo disfrutaseis tanto y sobre todo que tuvierais tiempo de desconectar aunq sólo fueran unos días. Como diría el padre de una amiga mía disfruteu petites, difruteu!

  4. Rubén Galdón dice:

    Sin duda hay que patear las calles para conocer una ciudad de una cultura tan diferente. En mi caso, pasar de la guía y tirar de zapatilla, han sido la base de las mejores experiencias vacacionales que he tenido… me apunto Marrakech en mi lista de futuros viajes…
    Un beso, guapa!

  5. Pancho Montesdeoca dice:

    Inspirador viaje a través de tus palabras… Llegas a describir no solo percepciones y sentimientos… sino sensaciones de transición porfunda. Felicidades!

  6. MCarmen dice:

    Sin duda un escrito muy profundo, de palabras a letras increíblemente plasmado..Como bien dices,camina,camina….el camino se hace al andar! No dejan de entrarme unas ganas inmensas en conocer ese Riad en família. Sin lugar a dudas,un paraíso descrito..porque al final, de CONTRASTES está compuesta la vida misma.
    Enhorabuena por este post cuñi, me ha llegado….
    Un besito fuerte :)

  7. Paco dice:

    Cobran tu estancia por adelantado, sin saber los servicios que vas a recibir.
    Los desayunos son muy normalitos y además hay que esperar media hora a que te lo prepare el único chico que se encarga del Riad por la noche (que aunque no habla más que el árabe, es muy amable y servicial); las cenas valen 20 euros/persona sin incluir la bebida y si te descuidas te cobran hasta el té que no has pedido; las habitaciones no tienen ni televisor ni nevera y el baño es muy oscuro; el hamman cuesta 75 euros/persona, cada litro de agua natural a 2’50 euros, etc.
    A la llegada, la llamada “copa de bienvenida” es un té marroquí en el que las propietarias, Cristina y Hind, te sientan en una mesa y te intentan “colocar” todos los servicios posibles que ofrecen (excursiones, comidas/cenas,hammans, etc) y en el caso de que no aceptes estos servicios, la supuesta amabilidad de las propietarias se torna en descortesía.
    Aunque tiene 5 estrellas está en las afueras de la Medina en un callejón lleno de basura y con unos alrededores bastante degradados.

  8. admin dice:

    Paco, todo depende del prisma con que se miren las cosas, no? Y del tipo de viaje que tengas pensado. En mi caso no eche de menos la tele en absoluto, fui en junio con lo que una nevera si hubiera estado bien, pero me organice de tal modo que se me cobro lo consumido y mi estancia fue muy acogedora en este riad. Repetiría!


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  1. اِستير | Viajando entre Marcas - 10. jun, 2010

    [...] la línea de mi post anterior, y con Marrakech aún dentro de mis pulmones, como diría Amaia Marqués; a través de El [...]

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